2008/03/17 | General, Libros, Música

Ayer fui a Coyoacán de compras. En Gandhi compré un disco en vivo de Gerardo Pablo. Es el primer disco que compro de él. Ya lo he escuchado antes y me gusta cómo suena. En estos días, cuando escuche el álbum completo, tal vez me termine de convencer y lo agregue a mi lista de «cantautores cuya discografía completa debo tener», la cuál está creciendo poco a poco. Eso no me conviene mucho, ya que me comprometí conmigo mismo a comprar los siete u ocho álbumes de Alejandro Filio que me faltan, uno de Fernando Delgadillo, uno de Cordavento, dos de Alejandro Santiago, dos o tres de Gerardo Peña

A El Sótano fui con la firme convicción de comprar el primer volumen de los Cuentos completos de Isaac Asimov, pero estaba agotado. Podría haber comprado el segundo volumen, pero como que no me atrae la idea de empezar por el segundo (aunque en este caso eso sea irrelevante, ya que son cuentos que no tengo que leer en orden) y decidí esperar a que lo vuelvan a surtir. En la mesa donde estaba dicho segundo volumen encontré la multipremiada novela de Neal Stephenson: La Era del Diamante. Hace como dos semanas terminé de leer Criptonomicón, también de Stephenson, y me volví fan. Así que ya se imaginarán cuánto brillaron mis ojitos al ver esta otra novela, sobre todo por lo difícil que pensé que sería encontrarla (la novela es de 1995, aunque la edición española es de hace tres años). Y la compré. Y la empecé a leer de regreso a casa. Y me está gustando.

Ya en la noche vi lo patética que puede ser una Selección Nacional de Futbol y lo patético que puede ser un entrenador. Y luego recordé Engranes, de Enrique Quezadas.